VOLVER ATRÁS PARA SEGUIR ADELANTE: LA LÍNEA DE LA VIDA DEL PACIENTE ACTIVO (Alfons M. Viñuela)

© ChatGPT

Cuando recibimos el diagnóstico de una enfermedad, nos anuncian una intervención quirúrgica o se acerca una época especialmente delicada —como el otoño y el invierno para muchas personas con enfermedades respiratorias—, nuestra atención se proyecta hacia delante. Pensamos en lo que puede ocurrir, en lo que puede salir mal, en lo que quizá ya no podremos hacer. El futuro, de pronto, parece ocuparlo todo.

Sin embargo, antes de avanzar puede ser útil dar unos pasos hacia atrás.

No para instalarnos en la nostalgia ni para comparar nuestra vida actual con un tiempo mejor, sino para recuperar algo que sigue siendo nuestro: las competencias que ya utilizamos en otros momentos difíciles. A eso nos invita un ejercicio de coaching -que yo utilizaba en mis formaciones de equipos de alto rendimiento- conocido como 'la línea de la vida'. Hoy lo traigo aquí pues una persona que me es muy querida se encuentra en la tesitura de enfrentarse a retos que, a pesar de sus mucha competencias, se le hacen una montaña en el camino difícil de superar. Y he pensado que, si le sirve a ella, le puede servir a otras personas y pacientes que lean este blog. Vamos allá... 

La memoria como almacén de recursos

Todos hemos superado dificultades, alcanzado objetivos o aprendido a desenvolvernos en situaciones que al principio parecían demasiado grandes. No tienen que ser hazañas extraordinarias. Puede tratarse de haber sacado adelante a una familia, haber cambiado de empresa o trabajo, haber cuidado a otra persona, habernos adaptado a una pérdida, haber aprendido algo que creíamos fuera de nuestro alcance o haber pedido ayuda cuando nos costaba hacerlo.

El valor de esos episodios no está sólo en el resultado. Está, sobre todo, en cómo actuamos: qué decisiones tomamos, qué ayuda aceptamos, cómo organizamos la incertidumbre y qué cualidades pusimos en juego.

La psicología denomina autoeficacia a la percepción de que somos capaces de organizar y realizar las acciones necesarias para afrontar una situación concreta. Recordar una experiencia real de dominio no garantiza que el nuevo reto vaya a resolverse igual, pero sí nos aporta una prueba biográfica importante: ya sabemos movilizar recursos.

Éste es el recorrido esencial del ejercicio:

presente → pasado → competencias → regreso al presente → próximo paso.

Cómo realizar la línea de la vida

Reserva entre veinte y treinta minutos. Puedes dibujar una línea horizontal en una hoja grande o colocar varias hojas en el suelo formando un camino. Si caminar, mantenerte de pie o agacharte supone un esfuerzo, haz todo el ejercicio sentado: recorre la línea con el dedo, con un lápiz o desplazando una pequeña ficha. La experiencia no depende del movimiento físico -aunque éste ayude a fijar las emociones-  sino de la atención que prestes a cada etapa.

1. Sitúate en el presente y nombra el reto

Colócate en el extremo que representa el hoy. Formula el reto inmediato en una frase concreta y realista.

En lugar de «quiero que todo salga bien», podrías decir:

  • «Quiero entender mi diagnóstico y participar en las decisiones sobre mi tratamiento».

  • «Quiero llegar a la operación lo mejor preparado posible y organizar mi recuperación».

  • «Quiero afrontar el otoño y el invierno reduciendo riesgos y sabiendo cómo actuar si empeoro».

La frase no debe prometer un resultado que no depende por completo de ti. Debe señalar aquello en lo que sí puedes participar.

2. Retrocede por la línea del tiempo

Da unos pasos hacia atrás —reales o imaginarios— y recorre distintos momentos de tu vida. No busques únicamente éxitos relacionados con la salud. Detente en un episodio en el que tuvieras un objetivo difícil y consiguieras avanzar de manera significativa.

Intenta volver a aquella situación con cierto detalle:

  • ¿Qué estaba ocurriendo?

  • ¿Qué te preocupaba entonces?

  • ¿Cuál era tu objetivo?

  • ¿Qué hiciste tú para acercarte a él?

  • ¿Quién te ayudó y cómo aceptaste o buscaste esa ayuda?

  • ¿Qué obstáculo apareció en el camino?

  • ¿Qué hiciste cuando tuviste que retroceder o cambiar el plan?

No se trata de idealizar el recuerdo. Un logro no pierde valor porque hubiera miedo, cansancio, errores o ayuda de otras personas. Al contrario: reconocer todo eso permite descubrir cómo actuamos en condiciones reales.

3. Identifica las competencias que utilizaste

Ahora pon nombre a los recursos que hicieron posible aquel avance. Procura convertir cada respuesta en una competencia observable.

Tal vez aparezcan algunas de éstas:

  • constancia;

  • capacidad para informarte y hacer preguntas;

  • organización;

  • paciencia;

  • sentido del humor;

  • flexibilidad para cambiar de plan;

  • prudencia;

  • capacidad de pedir o aceptar ayuda;

  • habilidad para poner límites;

  • calma para decidir;

  • confianza en profesionales o personas concretas;

  • voluntad para mantener una rutina...

Escoge tres competencias. No las elijas porque suenen bien, sino porque puedas relacionarlas con algo que realmente hiciste.

4. Regresa al presente trayéndolas contigo

Éste es el momento fundamental del ejercicio. Vuelve a recorrer la línea hacia el presente. Con cada paso, repite una de las competencias identificadas y recuerda la conducta que la demuestra:

«Me informé antes de decidir».

«Pedí ayuda cuando la necesité».

«Cuando el primer plan falló, preparé otro».

Al llegar de nuevo al hoy, imagina que esas competencias no se han quedado en el recuerdo. Han vuelto contigo. No regresas con una receta para curarte ni con la garantía de que todo irá bien; regresas con recursos que ya forman parte de ti.

5. Traduce cada competencia a una acción actual

Una competencia resulta útil cuando se convierte en conducta. Completa esta tabla:

 


Conviene formular al menos una acción para las próximas 72 horas. Puede ser pequeña: escribir cinco preguntas para la siguiente visita, ordenar los informes, hablar con la persona que nos ayudará al volver del hospital o pedir al equipo médico que revise nuestro plan para los meses de mayor riesgo.

Una fórmula sencilla es: «Si ocurre X, entonces haré Y». Por ejemplo: «Si antes de la visita me bloqueo, entonces leeré la lista de preguntas que he preparado». En cuestiones clínicas, la acción prevista y las señales de alarma deben estar acordadas con los profesionales que nos atienden.

Tres adaptaciones del ejercicio

1. Ante un diagnóstico reciente

El reto no tiene por qué ser «vencer la enfermedad». Durante las primeras semanas puede consistir en comprender lo esencial, distinguir la información fiable, expresar nuestras prioridades y participar en las decisiones.

Las competencias recuperadas pueden ayudarnos a preparar preguntas, llevar un registro de síntomas, acudir acompañados a una consulta o pedir que nos expliquen de nuevo aquello que no hemos entendido. Ser paciente activo no significa saber medicina; significa ocupar nuestro lugar en la conversación clínica.

2. Ante una operación próxima

La línea de la vida puede utilizarse para recordar otras ocasiones en las que planificamos una situación compleja, seguimos instrucciones, toleramos una espera o aceptamos depender temporalmente de otras personas.

Esas competencias pueden traducirse ahora en revisar con el equipo la medicación, plantear dudas sobre la anestesia y la recuperación, preparar la ayuda en casa y seguir únicamente las pautas de actividad, alimentación o preparación física indicadas para nuestro caso. La preparación preoperatoria es un trabajo compartido con el equipo sanitario, no una prueba individual de fuerza de voluntad.

3. Ante el otoño y el invierno con una enfermedad respiratoria

En este caso el reto puede formularse así: «Quiero reducir los riesgos que puedo controlar y detectar pronto un cambio importante».

La anticipación, la organización y la capacidad de poner límites pueden servir para revisar con los profesionales el plan de acción, las vacunas recomendadas (ahora en otoño la de la gripe, el COVID o el VRS por ejemplo), la medicación y los tratamientos a domicilio u hospitalarios; acordar qué síntomas requieren consulta; favorecer una buena higiene y un aire interior más limpio... y decidir en qué situaciones conviene añadir distancia o mascarilla. No se trata de vivir encerrados ni en alerta permanente, sino de sustituir una preocupación difusa por decisiones preparadas.

Realizado con ChatGPT


La línea no es recta

En el dibujo conviene incluir avances y retrocesos. Habrá días buenos, días regulares y días francamente malos. Puede aplazarse una operación, aparecer un efecto adverso, llegar una infección o fallar el plan que parecía adecuado.

Un retroceso no borra las competencias recuperadas ni invalida todo lo avanzado. A veces obliga a detenerse, pedir ayuda, revisar la información y elegir otro paso. Por eso puede ser útil preparar tres versiones del plan:

Plan A, para un día en el que dispongo de suficiente energía.

Plan B, para un día más limitado.

Plan C, para un día difícil, centrado en lo imprescindible y en pedir la ayuda acordada.

Adaptar el paso no equivale a abandonar el camino.

Una pregunta final

Cuando hayas terminado, observa toda la línea y pregúntate:

«¿Qué sé ahora de mí que había olvidado al mirar solamente hacia el problema?»

Quizá la enfermedad, la operación o el invierno que se aproxima no se puedan controlar por completo. Pero podemos llegar a ese futuro algo mejor preparados: con información, con apoyo, con un plan revisable y con la memoria de todo aquello que ya fuimos capaces de poner en marcha.

Y recuerda: "A veces, para dar el siguiente paso, necesitamos retroceder hasta el lugar donde aprendimos que podíamos hacerlo."


Nota: Este ejercicio es una herramienta de reflexión y preparación personal. No sustituye la valoración médica, la rehabilitación, el apoyo psicológico ni un plan de actuación acordado con los profesionales sanitarios.




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